miércoles, 30 de enero de 2013


EL ENTRENADOR LIDER

En el acontecer deportivo el rendimiento se mide por los resultados obtenidos en competencia, son ellos los que en forma general señalan el nivel atlético del atleta, pero ¿Cómo lograr que los resultados obtenidos sean el resultado del trabajo efectuado durante un período determinado? esta pregunta parece contradictoria, porque se entiende que un atleta que siga un plan de entrenamiento adecuado debe rendir en forma proporcional a éste y no debería existir ninguna duda al momento de hacer estimaciones sobre su posible actuación.
El Síndrome de Adaptación General establece varios principios que deben ser cuidadosamente atendidos al momento de diseñar un plan de entrenamiento, progresividad, continuidad, supercompensación, entre otros, sin embargo una metodología de entrenamiento pierde importancia cuando no existe una verdadera capacidad volitiva, es allí donde reside el punto neurálgico en la consecución del logro deportivo.
En términos agonísticos, la competencia se define como la acción de vencer a un adversario, un récord o así mismo, en esta acción convergen diversos factores endógenos y exógenos que inciden significativamente. Los factores exógeno son impredecibles, no podemos controlarlos, sólo predecirlos a corto plazo, es de mayor dificultad el intentar su control por razones obvias. Los factores endógenos son susceptibles de ese control, siendo allí donde se requiere mayor interés y esfuerzo.
Años atrás los fisiólogos del ejercicio hablaban de un entrenamiento "invisible" el cual describían como el mejoramiento del poder volitivo del atleta utilizando una metodología adecuada y consideraban que éste representaba un 20% de la capacidad agonística del atleta. Este razonamiento no ha perdido vigencia, en el transcurso de los años cada vez se le ha dedicado mayor atención, reconociéndolo como un aspecto decisivo al momento de la competencia.
¿Qué hace posible ese extra de adrenalina en la competencia? ¿Qué diferencia a un campeón del resto de los atletas? Felice Gimondi, ciclista italiano campeón mundial de ruta profesional de la década de los años setenta, decía de su gran adversario en la carreteras, el belga Eddy Merck, que éste podía haber sido campeón en cualquier deporte que hubiese practicado, porque según Gimondi, Merck poseía un talento natural que pocos seres humanos poseían. El deseo de triunfo hace posible grandes esfuerzo que, fuera de competencia son difíciles de realizar. Sin embargo, ello conlleva a una adaptación del hombre que se traslada a la forma de comportarse frente a las vicisitudes de la vida, con una mayor capacidad en la resolución de problemas, produciéndose una satisfacción general al resolverlos que si éstos no se hubiesen presentado.
Parafraseando a Stephen Covey, la proactividad permite a un atleta llevar el clima consigo mismo, no importa si llueve o el Sol está muy fuerte, simplemente se viste con su atuendo deportivo y sale a la calle, porque él tiene un compromiso, un norte, un objetivo, con la sociedad, con sus amigos y consigo mismo.
Pero ¿Cómo lograr esa actitud? ¿El entrenador puede incidir en ese modelo de actuación? La respuesta es clara, el entrenador tiene una gran carga de responsabilidad. Macrociclos, microciclos, ciclos, carga, sobrecarga, sobreentrenamiento, competencia, precompetencia y un sin número de términos son aprehendidos por el entrenador, como el manual operativo de un avión. Pero el atleta no es un objeto el cual pueda ser operado por un mismo manual. Él es un ser racional o mejor dicho un ente bíopsicoecosocial, con una forma de ver el mundo diferente a otros, con modelos mentales construidos por sus creencias, tradiciones, educación, valores, virtudes en un contexto propio.
Hay una anécdota de entrenador de Escalada Deportiva, que no entendía el porqué uno de sus atletas, que sobresalía en condiciones físicas no rendía lo esperado. Conversando con él, éste le manifestó que no distinguía los números indicados en la ruta a seguir en el muro de escala ¡Tenía problemas de visión! Son casos muy frecuentes de problemas que se presentan en el entrenamiento deportivo, cuya solución, es extradeportivo.
El cerebro humano es la estructura más compleja conocida en el Universo, por sus millones de sinapsis por segundo, ni siquiera se le acerca la computadora más poderosa fabricada hasta ahora, algunos científicos han calculado que si contáramos una por segundo, tardaríamos treinta y dos millones de años en contarlas todas. Entonces, todo acto que se genere de la actividad cerebral, corresponderá a una actividad de suma complejidad. Se acepta así, que el ser humano es complejo, pero esa cualidad, no es sumativa sino cualitativa. La conjunción de sistemas complejos, puede derivar en un sistema con propiedades totalmente disímiles a las de cada sistema por separado.
El entrenador líder debe desarrollar una visión periférica para intentar observar las infinitas variables que inciden en la obtención de la forma deportiva del atleta. Es ineludible salir frecuentemente de la información cuantitativa e indagar a través de una entrevista cualitativa aspectos emocionales que no pueden ser obtenidos de otra manera.

Escrito Publicado Por:
Autor
Doctor Julián Garrido

martes, 29 de enero de 2013


Cuando Las Hormigas Se Convierten en Elefantes

Cuando Las Hormigas Se Convierten en Elefantes
Las pequeñas cosas, no lo olvidemos, son el 99% de las cosas que se hacen en una organización: desde la celeridad con que se devuelve una llamada a la atención que prestamos a esa mancha que hay en la pared de la oficina desde hace tres años; desde el tiempo que pasamos tomando cafés a la (escasa) atención que prestamos al cliente que llama enfadado; desde la tolerancia que damos a las personas que no hacen bien su trabajo a la falta de saludo de un jefe cuando se cruza con sus colaboradores en los pasillos…
El 1%, efectivamente, es la atención que se le dedica a esos grandes posicionamientos estratégicos, a esos grandes proyectos que tienen un sólido armazón hecho con sonoras palabras, pero cuyo interior está vacío de posibilidades de llevarse a la realidad. Fundamentalmente porque las personas que componen la organización se encuentran muy lejos de sentirse involucradas en esos proyectos.
Al fin y al cabo, están muy ocupadas trabajando en esas pequeñas cosas que nadie valora.
Hay empresas que prestan mucha, muchísima atención, a la forma como las pequeñas cosas se llevan a cabo. Empresas que valoran tanto o más el cómo que el qué. Saben que si los profesionales ejecutan con la máxima profesionalidad las pequeñas tareas, los pequeños detalles, las empresas construirán una cultura de exigencia que será muy apreciada, tanto por los clientes como los profesionales que trabajan en ellas. Sí, son esas las empresas que todos admiramos.
En una gran mayoría de situaciones, los pequeños detalles hacen una gran diferencia en el futuro y, por acumulación, son más relevantes como parte de un proceso que los `grandes proyectos´ corporativos. Esos pequeños vicios, que en apariencia `son´ inocuos al principio, en su efecto acumulativo pueden ser más poderosos que la mejor de las estrategias.
Por otra parte, los pequeños detalles modelan el comportamiento, la cultura, mientras que las `grandes inversiones´ de recursos consiguen la atención de la gente durante un momento. Sin embargo, el gusto por hacer las cosas bien perdura en el tiempo.
No recomiendo que los ejecutivos dejen de pensar en los movimientos estratégicos, de futuro.Sólo les pido que no descuiden su observación, su valoración, su atención a las cosas pequeñas.
Las empresas, sobre todo las grandes, tienen unos vicios (elefantes) que les cuestan a sus accionistas millones, porque en un determinado momento sus directivos dejaron de prestar atención a los detalles (las hormigas).
Un día se dieron cuenta que los pasillos de las oficinas estaban llenos de elefantes. Nobles animales pero que dificultan el paso de ideas, de comunicación y de aire fresco. Animales a los que ni siquiera se les puede sacar de las oficinas, de grandes que son.
Muchos de esos directivos se arrepintieron de no haber prestado atención a esas pequeñas y, aún, manejables hormigas.
Autor: Jesús Vega. Experto español en Gestión Humana y Retail.

domingo, 30 de diciembre de 2012


VISUALIZA TU NUEVO AÑO


Todo año vivido nos deja enseñanza, sabiduría y reflexión las cuales reflejamos  en nuestro estado de ánimo, te invito a visualizar el  venidero año 2013 como un año lleno de emociones, transforma tus angustias en energía positiva y motivadora, no decaigas en ningún momento, que nada te detenga maneja tus sueños y conviértelos en realidades. Emite mensajes de grandeza, la fuerza de las palabras y un pensamiento ganador invierte las posibles derrotas y las dibuja como potenciales victorias solo dependerá de tí concretarlas en acción de vida. 

Les dejo de regalo una muestra de grandeza y ejemplo de mentalidad y visión ganadora...















FELIZ Y PROSPERO AÑO 2013 SON NUESTROS MEJORES DESEOS.  

Equipo Editor Tribuna Gerencial

sábado, 22 de diciembre de 2012


Tips para una comida de negocios exitosa


Muchos empresarios optan por hacer citas de negocios a la hora de la comida o en la cena. Y es que son especialmente convenientes cuando se trata de conversar sobre temas específicos o cuando el objetivo es ganarse la confianza de un cliente potencial.
Tips para una comida de negocios exitosa
Asimismo, permiten llevar a cabo una reunión sin ocupar otros momentos productivos en la agenda.
Sin embargo, este tipo de eventos implica distintas paradojas: es una cita seria, y al tiempo muy humana; formal e informal; puede ser incómoda, o bien completamente confortable. Eso sí, una comida de negocios no sólo es cuestión de negocios.
A continuación, conoce el menú de tres tiempos –invitación, aperitivo y plato fuerte– que debes seguir para hacer productivas estas citas.
1. Invitación. Para fines prácticos, hay que asumir que no conoces a la persona con la que concertaste la cita pero que necesitas algo de ella: ya sea dinero, formar una alianza, llegar a un acuerdo o firmar un contrato. En este caso hipotético, tú convocaste la reunión y eres quien presentará la oferta o realizará alguna propuesta.
Recuerda que no siempre debe haber un platillo de por medio, pues muchas veces la comida es un elemento más cercano a la idea de compartir que de hacer negocios. Por lo que con base en el objetivo que tienes en mente, aprende a valorar cuál es el momento adecuado para extender una invitación a alguien. 
Si tu invitado sugiere que la junta mejor se realice en su oficina o en un café, la recomendación es que aceptes estas opciones. ¿Por qué? Eric Manlunas, socio de Seimer Ventures, una firma de capital de riesgo con sede en Santa Mónica, California, responde: “mi filosofía es que un restaurante no es necesariamente el mejor lugar para hacer negocios. Prefiero invitar primero a la gente a una reunión en mi oficina o en la sala de juntas de mi empresa. Y si después resulta que a ambas partes nos gusta el proyecto y sentimos que podríamos trabajar en ello a futuro, quizá ya estemos listos para agendar una comida. Para mí, esta reunión posterior significa que he pasado el primer filtro”. 
Esto tiene un trasfondo muy simple: si consigues que en la primera o en la segunda cita tu contraparte acepte ir a comer, entonces probablemente ya ganaste su confianza o esté interesada en hacer negocios contigo. Ojo: puede ser que a la hora del postre todo se frustre, pero al menos en principio están en la misma sintonía. 
2. Aperitivo. Antes de extender una invitación formal, es crucial elegir el restaurante. Tiene que ser un lugar que esté en una ubicación conveniente para la otra persona o, por lo menos, en un punto intermedio. El mensaje es claro: tu contraparte debe sentir que eres atento y te preocupas por su comodidad.
Es conveniente que conozcas el restaurante, así sabrás qué tipo de atención ofrece. Por obvias razones, lo ideal es que sea un establecimiento que destaque por su excelente servicio, equivalente a tu propio negocio, lo que significa que tenga una mesa disponible y atención inmediata.
Richard Coraine, socio de Union Square Hospitality Group –que opera restaurantes como Gramercy Tavern, Union Square Cafe y Shake Shack, en EE.UU.– conoce bien el tema: “si tengo comensales que necesitan privacidad y silencio (y no tanta atención), los ubico en un área apartada. También me aseguro de que el mesero esté enterado de limitar su conversación. De esta manera, entre más conozcamos las necesidades de nuestros clientes, mejor seremos capaces de superar sus expectativas”.
Así que pregúntate si el lugar que tienes en mente cumple con estos requisitos y evalúa si su personal estará dispuesto a hacer cualquier cosa por complacerte.
Otra recomendación es llegar siete minutos antes de la cita. ¿Por qué? Si llegas diez minutos antes tal vez la mesa todavía no esté lista, mientras que sólo con cinco minutos de anticipación corres el riesgo de que tu invitado llegue antes que tú. Calcula bien tus tiempos, debido a que en ciudades como el Distrito Federal, el tráfico puede ser el peor enemigo. Siempre es mejor esperar que ser impuntual.
Si tienes un asistente, pídele que reserve una mesa apartada del resto de los comensales, sin ruido ni distracciones, para poder platicar con tranquilidad y sin interrupciones. En caso de que no tengas a alguien que te apoye de forma directa, pídele a un miembro de tu staff que haga una reservación con las características mencionadas.
¿Por qué tanta insistencia en que alguien más se encargue de esta tarea en lugar de hacerlo tú mismo? Simple: en ocasiones puedes conseguir una mesa mejor si alguien habla de tu parte, pues esto le da mayor importancia al asunto. Los restaurantes enfocados en el servicio están acostumbrados a recibir solicitudes especiales. Además, “si nos hablan con bastante tiempo de anticipación, podemos ofrecerles un mejor servicio, sin ser intrusivos ni cambiar las reservaciones. Incluso, si tu asistente dice que necesitas una mesa apartada y quieres sentarte al lado de la ventana, podemos conseguirlo sin problemas”, afirma Coraine.
Otra sugerencia es pedir una mesa para cuatro, a fin de que no tengas que sentarte frente al otro comensal, sino al lado. Aunque puede ser una situación más íntima, el contacto visual frente a frente puede resultar más incómodo y es posible que tengas que levantar la voz para que el otro te escuche claramente. De este modo, evitas incomodidades y al mismo tiempo la conversación es más discreta. 
Una buena idea antes de que llegue tu invitado es pedir algo de tomar y leer el menú. También puedes mirar a tu alrededor para estar atento al momento en que arribe la otra persona, para recibirla. Atención: puede suceder que el invitado elija el lugar donde se quiera sentar y, en consecuencia, tengas que complacerlo. Recuerda que él tiene la batuta, en tanto que tú eres el que busca “algo”.
La ventaja de llegar temprano es que tienes la posibilidad de sentirte más seguro, inspeccionar el lugar, pedir una buena mesa y estar preparado para cualquier imprevisto.
Ahora sí: cuando llegue el momento de recibir a la otra persona, dirígela sutilmente al asiento a tu lado. O bien, puedes acercarle la silla como un gesto de cortesía. Cuidado: tampoco seas demasiado evidente y señales el asiento o le des palmadas.
3. Plato fuerte. Una vez superados los primeros dos tiempos, la comida será la parte fácil. Comer, platicar… Sin embargo, cuando se trata de hablar de negocios, la cosa se complica debido a que relacionamos la hora de la comida como un momento para socializar, no para hablar de formalidades.
Una buena táctica es preparar tu presentación o propuesta para que sea breve y luego puedas pasar a otros temas más coloquiales. Jared Goralnick, fundador y CEO de AwayFind, una aplicación de correo electrónico para incrementar la productividad, opina que las comidas sirven más para mejorar la relación, que para acordar puntos exclusivos de trabajo. “Si extiendo una invitación para ir a comer, probablemente tengo una meta, aunque es un objetivo mínimo que tal vez sólo se discuta en cinco minutos. Después, tengo que hacer que el otro se sienta cómodo y crear mayor confianza”.
En resumen: vas al restaurante, ordenas un platillo, haces tu propuesta y luego sólo resta platicar y conocer a la otra persona. Es muy probable que tu contraparte busque alguien con quien le gustaría hacer un negocio potencial o formar una alianza. Al mismo tiempo, querrá confirmar que el planteamiento es tan relevante como lo vislumbró en un principio.
Por lo tanto, el consejo es relajarse y tener una charla interesante. Pero si cuando terminaste la conversación de cinco minutos acerca de negocios, el otro quiere seguir hablando del tema, no te preocupes, déjalo continuar. Lo fundamental de las comidas de negocios es que nos obligan a llevar a cabo algo que no solemos hacer lo suficiente en la vida profesional: ser nosotros mismos. Además de relajarnos y, por supuesto, comer.
Aprovecha estas citas para ganarte la confianza del otro y lograr metas en común. Es un momento para desarrollar la relación, más que para hablar sólo de negocios. 

Reglas de etiqueta

Aunque las comidas de negocios suelen ser más informales, siempre es importante guardar la etiqueta y tener cuidado en los siguientes puntos:
Evita los sándwiches y las salsas o aderezos para no mancharte la ropa y dar una mala impresión. 
En cuanto al alcohol, deja que tu invitado decida qué quiere tomar. Si estás cerrando una negociación importante, la recomendación es que tú optes por una bebida no alcohólica.
Si estás en la posición de buscar “algo” de la contraparte, entonces tienes que pagar la cuenta. Nunca pagues con un cupón o tarjeta de regalo, tampoco con pesos y centavos (es decir, mucho cambio).
Si conforme avanza la conversación tu plato está mucho más lleno que el de la otra persona, significa que estás hablando demasiado. 
Si tu contraparte está viendo su reloj constantemente, pide la cuenta de inmediato.
Sé amable, sin caer en el servilismo. Por ejemplo, si tu invitado ya tiene su vaso vacío, pídele otra bebida. 

Fuente: soyentrepreneur.com
Equipo Editor Tribuna Gerencial

miércoles, 12 de diciembre de 2012


La Perseverancia vale lo que vale tu sueño!


Aquellas son las tierras indómitas, donde su arena rojiza arropa un misticismo milenario que cruzó el océano en los corazones de los que viajaban al nuevo continente. Viajantes que con su fuerza forjarían y dominarían la naturaleza de lo que hoy conocemos como las Américas.

Para nadie es un secreto que las tierras africanas esconden secretos y costumbres que van más allá de lo que la mente humana y su raciocinio pueden llegar a comprender. En su deseo por desenmascarar estas culturas un grupo de científicos viajo hasta África para tratar de entender la ciencia detrás de la magia. Fueron atraídos hacia una pequeña tribu que era famosa por su danza del la lluvia. Una danza que, según los rumores, nunca fallaba.

La sequía era tan fuerte que el sol cortaba la piel con sus rayos, los árboles se desnudaban de hojas y extendían sus ramas en busca de la más mínima señal de humedad, los animales se paseaban con lentitud por las praderas secas mientras sus patas levantaban la arena seca del piso y sus lenguas buscaban en el ambiente la sensación de frescura que el resto del cuerpo ignoraba.

Los científicos no tuvieron que esperar mucho para ver como la aldea entera se unía en una coreografía digna de los más importantes teatros de ballet del mundo. Al son de los cueros del tambor todos en la tribu bailaban y danzaban. Sus cánticos cruzaban los aires en un intento desesperado de hablar con los dioses y negociar para que tan preciado recurso bajara en gotas desde el cielo. Así comenzaron a pasar las horas y los pies fuertes y desnudos iban dejando huella en el suelo seco y arenoso. Todo se fundían en el momento, hasta el polvo que levantaban los africanos con sus pasos parecía tomar el ritmo de los tambores.

Las horas pasaron mientras que el ojo analítico y racional buscaba en vano la diferencia entre esta danza y la de sus menos exitosos vecinos. El maquillaje tenía similitudes obvias. Los mismos patrones y los mismos colores se paseaban por las caras y cuerpos de los bailarines. Los cánticos parecían buscar lo mismo, diferenciados sólo en el dialecto en que se entonaban. Todo parecía igual. Pero mientras ellos bailaran y la lluvia no llegara, los científicos tenían aún una oportunidad de descubrir el secreto.

El sol salió y se ocultó varias veces convirtiendo las horas en días, viendo como rotaban los bailarines pero el resto se mantenía igual hasta que un día todo se aclaró. Los dioses escucharon las plegarias y dejaron caer la lluvia sobre el desierto. La aldea entera celebró, el desierto cobraría vida, los niños jugaban con las gotas con sus bocas abiertas como saboreando tan dulce néctar. Los árboles lloraban gotas de lluvias desde sus ramas, los animales ahogaban sus trompas en los charcos que rápidamente se formaban.

En cuanto a los científicos; se dieron cuenta de que a veces los problemas más complicados tienen soluciones sencillas. Su reporte final descubrimos lo siguiente:

"Después de días de observación y análisis en vano nos hemos dado cuenta que la danza de la lluvia de esta tribu es tan exitosa porque ELLOS BAILAN HASTA QUE LLUEVE."

Y tú? ¿Perseveras hasta alcanzar lo que quieres? ¿Bailas hasta que cae la lluvia o te vas a dormir por las noches deseando encontrar tu sueño hecho realidad así no más?

Baila hasta que llueva, baila con pasión, baila con un propósito y verás que tarde o temprano lloverá lo que buscas.

Vivan en Grandeza
HEJ 

(este fue un estudio real, la narración fue creada por mi)

jueves, 22 de noviembre de 2012


LIDERAZGO & TRABAJO EN EQUIPO


El liderazgo y trabajo en equipo son claves para alcanzar los objetivos organizacionales y cumplir con las metas propuestas, no se debe subestimar a ningún miembro de la organización al momento de estructurar un equipo de  trabajo  y el líder del proyecto debe considerarse situacional desde el punto de vista actitudinal dependiendo de la visión y misión del proyecto a emprender, Por ende el líder y el equipo debe alinear las estrategias con los objetivos de manera tal  que todas las acciones implementadas y puestas en practicas respondan a las necesidades del proyecto y las mismas sean asignadas a cada  integrante de manera acertiva,   la cual depende mucho la intuición del líder y del equipo planificador, una vez implementadas y evaluadas las estrategias se deben ejecutar de manera precisa siguiendo las lineas accionaria del proyecto.  

Les dejo un excelente vídeo donde podemos precisar una serie de elementos muy ejemplares  referentes al liderazgo y trabajo en equipo. 

Miguel Camacaro
Consultor Gerencial





Claves para generar compromiso en tu capital humano

Claves para generar compromiso en tu capital humano
Sin embargo, aunque todas estas medidas son válidas y generan cierta mejoría, siempre parece faltar algo fundamental: el compromiso y la alineación de las personas por hacer lo que se requiere para generar los resultados necesarios.
Una cultura empresarial que propicia la productividad, la efectividad y los buenos resultados está basada en que cada persona en una empresa, empezando por el jefe, asuma total responsabilidad por todos los aspectos relacionados con la organización, sin culpar a otros o a las circunstancias por la falta de resultados.
Aunque normalmente se busca un culpable externo a nosotros cuando las cosas no van bien, este tipo de actitud no genera la calidad de vida y los resultados que queremos.
La responsabilidad no tiene que ver con las cosas “que te tocan hacer”, con culpa y tampoco es algo definido por un contrato de trabajo, descripción de puesto o por la autoridad; es una elección que las personas asumen para ser líderes en lugar de víctimas.

Cinco prácticas para generar cultura de liderazgo

Asume 100% responsabilidad por tu impacto en las personas y en los resultados de negocios y multiplica esta manera de ser en toda tu empresa. En la mayoría de las culturas empresariales se opera bajo un contexto de 50%/50% responsabilidad, donde yo hago mi parte si tú haces la tuya. Esto genera problemas y contratiempos, ya que casi invariablemente alguien deja de hacer su parte.
Detén inmediatamente cualquier conversación negativa, ya sea tuya o de otros, y redirígela hacia una conversación positiva. Las conversaciones generan acciones, las cuales a su vez producen resultados. Por ende, es importante saber que las conversaciones negativas sí tienen un impacto y este impacto es contrario a lo que realmente queremos.
No toleres comportamientos inapropiados y corrígelos inmediatamente de manera respetuosa. Nuestros empleados y colaboradores están continuamente midiéndonos para determinar si las reglas son cuestionables. Cada vez que permitimos que alguien viole una regla estamos en efecto comunicando que la regla no importa.
Pregúntate constantemente: ¿qué más puedo hacer para lograr los objetivos? En lugar de quejarse o permitir la queja o la justificación, pregúntate siempre y pregúntale a otros: ¿qué más podemos hacer? Este tipo de pregunta redirige la responsabilidad hacia las personas y genera creatividad, compromiso y acción.
Trata a las personas como extraordinarias y exígeles su grandeza. Tener lástima por uno mismo y por otros no nos ayuda a superar las situaciones complejas que vivimos. Los seres humanos somos mucho más fuertes y capaces de lo que pensamos y si somos tratados como tal elevamos nuestro desempeño.
Una cultura de responsabilidad tiene el poder de transformar a las personas y a toda una organización. Cuando una masa crítica dentro de una organización asume 100% responsabilidad por los resultados de negocios y deja de culpar a otros y a las circunstancias, surge la acción responsable y el logro predecible...Altonivel
Publicado por Banca & Negocios

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